5 de agosto de 2012
23 de julio de 2012
22 de junio de 2012
Frases robadas
Por la calle oigo a veces fragmentos de conversaciones. Son retazos de diálogos y frases que la gente deja en el aire; palabras sueltas de los demás que escucho por casualidad y que guardo en la memoria como algo muy especial que me hace pensar e imaginar historias. Aquí algunos ejemplos:
[¿En qué momento empezó a cargarnos la chingada? —La
verdad, no lo sé, y tampoco me importa]
[¿Es tu prima? —Pues, más o menos]
[Créeme, no llego tarde por gusto]
[Este fenómeno maravilloso de la muerte, irrepetible,
además…]
[Te faltó decirles que tienes un marido bien cabrón]
[Y si no
quieres sufrir tanto, ¿por qué no te vas acostumbrando a tolerar todas esas cosas
que no te gustan?]
[Yo no soy pesimista, lo que estoy es
amargado]
[Perdona que te lo diga hasta ahora, pero es que me acaba de caer el veinte]
[Perdona que te lo diga hasta ahora, pero es que me acaba de caer el veinte]
[Nada he hecho de utilidad, ni pienso hacerlo]
[Cada día desconfío más de la gente alivianada… ya no creo en ella; tampoco creo en la falsa gentileza mexicana… Muchos mexicanos estamos hartos de vivir en este país. Pero, ¿a dónde nos vamos?]
[Cada día desconfío más de la gente alivianada… ya no creo en ella; tampoco creo en la falsa gentileza mexicana… Muchos mexicanos estamos hartos de vivir en este país. Pero, ¿a dónde nos vamos?]
[La verdad, ya me cansé de ser siempre el mismo]
[Y por eso pienso así, porque hace mucho
que no soy yo]
[No me acuerdo de mi padre; mi madre no volvió a verlo
después de que la embarazó de mí]
[Todo es nada]
5 de junio de 2012
Experiencia y memoria
24 de mayo de 2012
La influencia de mi madre
19 de abril de 2012
Me acuerdo... IV
Me acuerdo de haber sentido
vergüenza e incomprensión a la vez.
Me
acuerdo —en una mezcla de pesadilla y fascinación— de una tormenta en la que
estuve a punto de naufragar en un pequeño barco. Fue en las caribeñas aguas de
la Bahía de Amatique.
Me acuerdo de haber tenido una
disparatada esperanza.
Me
acuerdo de haber sido un estudiante irregular, capaz de lo mejor y lo peor.
Me
acuerdo de los insultos y regaños de mi maestra Valentina.
Me acuerdo del terremoto de 1957 en la Ciudad de México, cuando “El angelito” de la independencia se cayó.
Me
acuerdo de vagar por una calle oscura, fantasmagórica.
Me acuerdo de haber oído correr
unos ratones debajo de mi cama.
Me acuerdo que el amor por mi
madre me llevó a rezar por ella.
9 de abril de 2012
17 de marzo de 2012
Despistado
Siempre he sido un despistado, o quizá, no lo sé, un desmemoriado. Y si no, vean lo que escribí hace más de treinta años en un cuaderno de viaje: “Tomando un café en el
aeropuerto mientras espero el avión a Managua,
saludo a un hombre que no logro recordar de donde le
conozco. Al poco rato, me doy cuenta que era el mesero que me estaba sirviendo.”
San Pedro Sula, Honduras, enero de 1979
13 de febrero de 2012
Huellas de identidad
Algunas cosas (imágenes, textos, música, ideas) son vestigios de lo que se ha ido; nos muestran lo que fuimos, lo que hicimos. Las conservamos para no olvidar y nos refugiamos en ellas porque nos ayudan a comprender, así como a reconstruír e interpretar nuestra experiencia. Gracias a ellas entendemos nuestro paso por el mundo, y por eso, cuidarlas y evitar que desaparezcan es importante para preservar nuestra identidad.
27 de enero de 2012
15 de enero de 2012
Desmemoriado
Hasta qué punto puedo seguir llamándole memoria
a esta débil y discretísima percepción de huellas, imágenes, nostalgias y sensaciones
que yo tengo. Tengo una pésima memoria, y —aunque poseo cierto dominio del
lenguaje, y con ello posibilidades de elaborar relatos— me cuesta demasiado
registrar mi pasado. Soy, lo reconozco, un desmemoriado incapaz de repasar mis
experiencias, y por lo tanto, de comprender mejor mi propia historia.
6 de enero de 2012
20 de diciembre de 2011
1 de diciembre de 2011
7 de noviembre de 2011
11 de octubre de 2011
25 de septiembre de 2011
Si reviso mi pasado
Si reviso mi pasado me doy cuenta del
desorden que ha sido mi vida, y de que he hecho demasiadas cosas sin ningún valor.
3 de septiembre de 2011
17 de agosto de 2011
El peligro del olvido
Siempre existe el peligro de sufrir el frío y doloroso soplo del olvido; nada queda a salvo en el frágil cajón de la memoria, y si ésta nos falla, quedamos, en definitiva, sin saber bien a bien quienes somos.
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