Empecé a fumar cuando tenía catorce años y me peinaba de raya a un lado. Hoy ya no fumo, tengo sesenta años y jamás me peino.
3 de junio de 2010
14 años
Empecé a fumar cuando tenía catorce años y me peinaba de raya a un lado. Hoy ya no fumo, tengo sesenta años y jamás me peino.
25 de mayo de 2010
4 de mayo de 2010
Desmemoria y olvido
21 de abril de 2010
Memoria y gimnasia
2 de abril de 2010
Pésima memoria
16 de marzo de 2010
Polvo y viento
4 de marzo de 2010
Tipos de memoria

Definitivamente, mi memoria es más visual que intelectual. Y me pregunto: ¿cuántos tipos de memoria existirán? La memoria puede ser personal, histórica, cultural, literaria, filosófica, política, ética, estética, sensorial (táctil, olfativa, auditiva y musical, o “la memoria del paladar", como decía Luigi Bartolini, autor de la novela El ladrón de bicicletas, famosa por la película de Vittorio de Sica). Creo que cada cosa tiene su propia memoria. Así, bien podríamos hablar de la memoria de todas las cosas; de la memoria de los mares, de la memoria del viento, o de la memoria del Universo, por ejemplo.
24 de febrero de 2010
Ensayos de la memoria
A partir de hoy se puede visitar mi nuevo blog Ensayos de la memoria, donde reproduzco, íntegramente, mi libro-objeto titulado Ensayos de la memoria [Apuntes para el recuerdo]. Los invito a conocerlo.
12 de febrero de 2010
Paraíso perdido
1 de febrero de 2010
El olvido es devastador

Escarbar en la memoria es un acto que tiene que ver con la voluntad y la necesidad de conservar nuestro pequeño mundo íntimo y afectivo, pero, también, con la obligación de preservar nuestro universo colectivo, nuestra Historia. En ambos casos, la reconstrucción es casi siempre subjetiva, y por lo tanto, imprecisa; sin embargo, asumo el acto de recordar, porque sé, perfectamente, que el olvido es catastrófico, devastador.
11 de enero de 2010
27 de diciembre de 2009
Recordar
9 de diciembre de 2009
Tere y Ana María Pecanins
7 de diciembre de 2009
El recordar
27 de noviembre de 2009
A veces
10 de noviembre de 2009
Memoria y olvido

Escarbar en la memoria puede hacer la vida más llevadera. Es una estrategia de supervivencia. Otras veces, sobrevivir depende de todo lo contrario, de la capacidad de olvidar. Ambas acciones son casi siempre inconscientes. La memoria recupera muchas veces sólo aquella parte del pasado que nos conviene, y esconde —sabiamente— la que no nos acomoda.
9 de noviembre de 2009
Viernes de Dolores

Un viernes de Dolores, durante un acto de represión estudiantil, tuve que refugiarme varias horas en mi escuela, el Instituto Nacional Central para Varones de Guatemala. Aquella tarde, entre gritos y nubes de gas lacrimógeno —impotente y temeroso—, vi como ardía mi pupitre sobre una barricada en llamas; el mueble destacaba entre todo lo quemado por su desproporcionado tamaño y su chillante color verde limón… Pero eso, es otra historia.
1 de noviembre de 2009
Presentimiento
El único presentimiento que he tenido en la vida se cumplió una tarde que sonó el timbre de casa. Sobresaltado y seguro de quien era, le abrí la puerta a mi abuelo que hacía tiempo no veía. Semanas antes —sin comentarlo con nadie— ya presentía su llegada. Venía para convencer a mi madre de que me dejara volver a México. Aquella noche, mi abuelo y yo, dormimos abrazados en un triste cuarto de hotel en Guatemala. Fue la última vez que le vi. Un año después —esta vez sin presentirlo— abrí la misma puerta para recibir un telegrama que anunciaba su muerte.
18 de octubre de 2009
Me acuerdo...

El pintor norteamericano Joe Brainard encontró una fórmula maravillosa para escarbar en la memoria. Con frases sencillas y espontáneas escribió un libro titulado Me acuerdo, que rompe con la idea convencional de unas memorias. Sin un orden cronológico ni temático, Brainard expresó pensamientos que comienzan siempre por Me acuerdo… y terminan con algún recuerdo personal. Esta idea ha tenido muchos seguidores en el mundo, entre ellos Georges Perec, que define los Me acuerdo… como “pequeños pedazos de cotidianidad que fueron vividos, compartidos y luego olvidados. Sin embargo, de repente regresan (…) Son algo totalmente banal, que por un milagro es arrancado a su insignificancia y reencontrado por un instante, provocando segundos de una impalpable y pequeña nostalgia". Me lanzo, pues, a imitar el modelo, y a compartir aquí —de vez en cuando— mis propios Me acuerdo…
Me acuerdo de cocinar una paella.
Me acuerdo de darle de comer a unas gaviotas en pleno vuelo. Fue una mañana, en California.
Me acuerdo de mudarme muchas veces.
Me acuerdo de galopar a caballo por una verde pradera, y de saltar unos gruesos troncos.
Me acuerdo de haber colgado un balón por toda la escuadra.
Me acuerdo que el 11.27.93 era el número de teléfono de mis abuelos.
Me acuerdo de jugar a no tocar el piso y recorrer colgado de paredes y balcones una larga calle.
Me acuerdo de romper una piñata en una fiesta.
Me acuerdo de una enorme ola que me arrastró por la arena de la playa La Condesa, en Acapulco.
Me acuerdo de querer vivir en otra parte.
Me acuerdo de una niña rubia en Guatemala.
Me acuerdo de pensar en ser famoso.
Me acuerdo de unos pantalones viejos de cuero, y de una chamarra blanca con insignias.
Me acuerdo de caminar por una cornisa a cuatro pisos de altura.
Me acuerdo de tirarnos piedras con mi hermano.
Me acuerdo que una noche pase un frío terrible en la cueva de una montaña.
Me acuerdo de ponerme un uniforme.
Me acuerdo de perseguir un sueño, y de un fuerte dolor de piernas, y de muelas.
Me acuerdo de bailar en una plaza con mi nuera.
Me acuerdo de querer tener cosas que ahora tengo.
Me acuerdo de tocar un enorme tambor en un desfile.
Me acuerdo de un gran laurel de la India.
Me acuerdo de mi madre con gabardina y un sombrero de fieltro Stetson.
Me acuerdo de un flan con nata que comí en Castelldefels, en “Los Dos caballeros”, y que me hizo llorar de emoción.
Me acuerdo de una golpiza en la que casi me matan.
Me acuerdo del olor del perfume de mi abuela.
Me acuerdo toreando a mi perra “Cachi”.
Me acuerdo de haber soñado volar a ras del suelo.
Me acuerdo de una aterrorizante granizada cerca de Verona.
Me acuerdo de querer acordarme.
Me acuerdo mucho de Julian, de su sonrisa.
Me acuerdo de ir a comprar pan en bicicleta.
Me acuerdo de haber visto a Jim Hines rompiendo el record de los 100 metros planos en la Olimpiada de México 68.
Me acuerdo de un frío y caudaloso río en “Las estácas”.
Me acuerdo de haber escrito una canción.
Me acuerdo de caerme de un tranvía.
12 de octubre de 2009
Fotos y objetos
El interés que algunas cosas despiertan en nosotros es quizá porque nos ayudan a reconstruir una especie de memoria abstracta, erosionada por el tiempo. Ciertos objetos, como las fotografías, le dan forma a nuestro pasado, a nuestra memoria.En la fotografía, mis hijos Julian y Andoni, Ciudad de México, otoño de 1979.
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