
Un viernes de Dolores, durante un acto de represión estudiantil, tuve que refugiarme varias horas en mi escuela, el Instituto Nacional Central para Varones de Guatemala. Aquella tarde, entre gritos y nubes de gas lacrimógeno —impotente y temeroso—, vi como ardía mi pupitre sobre una barricada en llamas; el mueble destacaba entre todo lo quemado por su desproporcionado tamaño y su chillante color verde limón… Pero eso, es otra historia.
Siempre será un viernes de dolor cuando se reprime a la juventud,al obrero,campesino.
ResponderEliminarBienvenido a mi blog. Es para mí un autentico honor. Y una inmensa suerte el haber descubierto los suyos.
ResponderEliminarJohn W.
Me entristece esas vivencias tan terribles.
ResponderEliminarUn monton de besos!!!
y a no olvidar!
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