13 de agosto de 2009

Lorito patriótico



Cuando tenía 13 o 14 años pasé por una larga pero provechosa convalecencia de la hepatitis. Fueron meses de reposo forzado, dieta rigurosa, mucha lectura, y de aprender a jugar ajedrez. Vivía en el Chalet Suizo, una conocida pensión en el centro de la capital guatemalteca. Sus dueños, la robusta familia Reig, hacía el más exquisito strudel de manzana que he probado en mi vida. Recuerdo que al final de un largo pasillo, había un soleado patio siempre lleno de sábanas colgando. Ahí, vivía un simpático y patriótico lorito que entonaba —de corrido y completita— la primera estrofa del himno nacional de Guatemala.

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